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Todas las citas de
la Biblia se transcriben textualmente en letra negra y son de la
Antigua version de Cipriano de Valera antes de la revisión de
1960. Instamos a nuestros amables lectores a que cada uno busque
cada texto en la misma Biblia para cerciorarse de que se han
citado fielmente.
El Autor, John R.
Rice
El Traductor,
L.O. Engelmann
SWORD of the LORD
PUBLISHERS
P. O. Box 1099
Murfreesboro,
Tennessee
Printed in U.S.A.
PALABRAS DE CRISTO
(Tomado de la Santa
Biblia).
Había un hombre de
los Fariseos que se llamaba Nicodemo, príncipe de los Judíos. Este
vino a Jesús de noche, y díjole: Rabbí, sabemos que has venido de Dios por
Maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no
fuere Dios con él.
Respondió Jesús, y
díjole: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez,
no puede ver el reino de Dios.
Dícele Nicodemo: ¿Cómo
puede el hombre nacer siendo viejo? ¿puede
entrar otra vez en
el vientre de su madre, y nacer?
Respondió Jesús: De
cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de
agua y del Espíritu,
no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido
de la carne, carne
es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te
maravilles
de que te dije: Os
es necasario nacer otra vez. El viento de donde
quiere sopla, y
oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde
vaya: asi es todo
aquél que es nacido del Espíritu.
Y como Moisés
levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que
el Hijo del hombre
sea levantado; para que todo aquel que en EL creyere,
no se pierda, sino
que tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios
al mundo que ha
dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en
El cree, no se
pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su
Hijo al mundo para
que condene al mundo, mas para que el mundo sea
salvo por El.
El que en El cree,
no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado,
porque no creyó en
el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la
condepación: porque
la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las
tinieblas que la
luz, porque sus obras eran malas.
El que cree en el
Hijo, tiene vida eterna; mas el que es incrédulo al
Hijo, no verá la
vida sino que la ira de Dios está sobre él.
(Evangelio según
San Juan, Cap. 3, versículos 1–8, 14–19 y 36.)
¿Qué es Menester que
yo
Haga para ser Salvo?
EXPLICACION BIBLICA
DEL PLAN DE SALVACION
PARA EL PECADOR
¿Qué debo hacer
para ser salvo? He aquí, en forma más corta y más
sencilla, la
pregunta cuya contestación todo hombre tendrá que aprender
si desea evitar una
eternidad de perdición, sin Dios, en los tormentos de
la condenación del
Infierno. Gracias a Dios que esta pregunta se ha
hecho y se ha
contestado ya en la misma Palabra de Dios, y, con tanta
sencillez, que toda
alma puede comprenderla. Hay otros pasajes en las
Santas Escrituras
en donde se habla del bienestar del alma, y donde se
explica el plan de
salvación; pero sólo hay un lugar donde se hace esta
pregunta, palabra
por palabra, y donde se contesta categóricamente.
Los apóstoles,
Pablo y Silas, estaban en la cárcel en la ciudad de
Filipos, y a media
noche cantaban y oraban a Dios, hasta que El, con
un gran terremoto,
sacudió y derrumbó todas las puertas y quebró los
cepos en que
estaban ellos sujetos de los pies, soltándolos. El pobre
carcelero,
asustadísimo y compungido por sus pecados, se acercó a los
dos predicadores y
les hizo esta pregunta:
“El, entonces,
pidiendo luz, entró dentro, y temblando, derribóse a los
pies de Pablo y de
Silas; y sacándoles fuera, les dice: Señores, ¿qué es menester
que yo haga para ser
salvo? Y ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo
y serás salvo tú, y
tu casa”.—Hechos
16:29–31.
“¿Qué es menester
que yo haga para ser salvo?” “Cree en Jesucristo y
serás salvo”. He
aquí el plan divino de la salvación, el único plan que Dios
ha hecho para todo
hombre, mujer y niño que ha nacido en este mundo.
¿QUE ES MENESTER QUE
YO HAGA?
Amigo pecador, hay
algo que
es menester
que tú hagas si
deseas la
salvación de tu
alma. Había esperanza para el carcelero porque se comprendió
pecador perdido y
temblando preguntó, “¿Qué es menester
que yo haga?”
Querido lector, tú eres un pecador. La Palabra de Dios
desde el principio
hasta el fin hace hincapié en esta verdad. En la profecía
de Isaías leemos:
“Todos nosotros nos
descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su
camino: mas Jehová
cargo en El el pecado de todos nosotro”.—Isaías
53:6.
Todos
nosotros nos
descarriamos. El Señor no desea que los pecadores
nos quedemos
creyéndonos buenos. ¡Qué clara, qué positiva, es la
declaración divina
en el capítulo tres de la carta del apóstol Pablo a los
Romanos, de que
todo hombre, toda mujer, y todo niño, somos pecadores!
“¿Qué pues? ¿Somos
mejores que ellos? En ninguna manera: porque ya
hemos acusado a
Judios y a Gentiles, que todos estan debajo de pecado. Como
está escrito: no hay
justo, ni aun uno; no hay quien entienda; no hay quien
busque a Dios; todos
se apartaron, a una fueron hechos inútiles; no hay quien
haga lo bueno, no
hay ni aun uno”.—Rom.
3:9–12.
En los versículos
22 y 23 se vuelve a declarar enfáticamente que “no
hay diferencia: por
cuanto todos pecaron, y están destituídos de la gloria
de Dios”. Esta es
la razón por qué dijo Jesucristo al sabio Nicodemo
en el capítulo 3
del Evangelio según San Juan: “No te maravilles de que
te dije,
os es necesario
nacer otra vez”.
Y en el versículo
18 del mismo
capítulo dijo que
el hombre que cree en Jesucristo ya no es condenado.
No cabe duda de que
estos textos demuestran claramente a todo
hombre que cree en
la Palabra de Dios, que es pecador y que mientras
no deposite su fe
en Cristo y sea salvo por El, es un pecador perdido,
que necesita ser
salvo. El corazón es malo, y sólo Dios podrá cambiarlo.
Así que, si deseas
ser salvo, deberás primero reconocerte pecador,
diciendo en tu
corazón, “Soy pecador; estoy perdido, y necesito ser
salvo”. Nadie jamás
se ha salvado que no haya buscado la salvación
como pecador.
Jesucristo murió para salvar a los pecadores, y no a los
hombres buenos. Si,
pues, has resuelto esto en tu corazón, y te reconoces
pecador perdido,
puedes aprender la contestación de Dios a tu pregunta,
“¿Qué es menester
que yo haga para ser salvo?”
CREE EN EL SEÑOR
JESUCRISTO
He aquí el sencillo
plan de Dios para tu salvación. Tú eres pecador;
tu corazón es malo;
no te podrás salvar a tí mismo; eres ya condenado.
Lo que has de
hacer, pues, para ser salvo, es sencillamente confiar el
asunto al Señor
Jesús. Y cuando confíes en El, tienes la promesa de
Dios de que serás
salvo.
No quiero decir con
esto que has de creer sólo en que hay un Dios.
Dijo el apóstol
Santiago (capítulo 2, versículo 19) que los mismos
demonios creen eso
y tiemblan. Puedes bien, creer que cierto médico es
buen doctor, y sin
embargo, no llamarlo a atender tu enfermedad. Puedes
creer que cierto
hombre es buen abogado, sin hacerle tu propio abogado
para que te
defienda. No has de creer solamente los hechos acerca de
Jesucristo; sino
que has de creer en El, es decir, depender de El, depositar
tu caso en sus
manos, tener fe en El; y cuando hagas así, serás salvo.
NADIE SE PUEDE SALVAR
POR LAS BUENAS OBRAS
Claro es que tú no
mereces la salvación. No hay nada que puedas
hacer que te haga
digno de ella. No podrás conseguir la salvación
guardando los diez
mandamientos; pues la Santa Escritura con toda
claridad demuestra
que no los has guardado. En la carta de Pablo a los
Romanos, capitulo 3
versículo 20, nos dice:
“Porque por las
obras de la ley ninguna carne se justificará delante de
El; porque por la
ley es el conocimiento del pecado”.
La misma cosa se
repite en Gálatas 3:11:
“Mas por cuanto por
la ley ninguno se justifica para con Dios, queda
manifiesto: Que el
justo por la fe vivirá”.
Repetidas veces
dice la Biblia que no hay salvación por ninguna
justicia humana:
“No por obras de
justicia que nosotros habíamos hecho, mas por su misericordia
nos salvó, por el
lavacro de la regeneración, y de la renovación del
Espíritu Santo”.—Tito
3:5.
“Porque por gracia
sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don
de Dios: no por
obras, para que nadie se gloríe”.—Efesios
2:8, 9.
De una vez por
todas, pues, reconozcamos que ningún humano
merece la
salvación, y que nadie se puede salvar a si mismo. La salvación
tiene que ser
gratuita si la ha de alcanzar el pecador. Mas, se
requiere la Sangre
para expiar el pecado, pues la Biblia nos dice:
“Sin derramamiento
de sangre no se hace remission”.—Hebreos
9:22.
“Porque Cristo,
cuando aún áeramos flacos, a su tiempo murió por los
impíos”.—Rom.
5:6.
“Todos nosotros nos
descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su
camino: mas Jehová
cargó en El el pecado de todos nosotros”.—Isa.
53:6.
Nos dice el apóstol
Pedro que somos comprados con la sangre de Cristo:
“Sabiendo que habéis
sido rescatados de vuestra vana conversación, la
cual recibisteis de
vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o
plata; sino con la
sangre preciosa de Cristo, como de un Cordero sin mancha
y sin contaminación”.—1a.
Pedro 1:18, 19.
Cada animal que en
el Antiguo Testamento se ofrecía en el altar en
sacrificio,
corderos, becerros, machos, cabríos, tórtolas, pichones, todos
representaban por
este tipo que el hombre pecador culpable, necesita
que alguien, un ser
inocente, dé su sangre por él, para pagar su pecado.
Jesucristo murió
por nuestros pecados en la cruz, y gracias a Dios, compró
la salvación para
cada hombre en todo el mundo, si la quiere recibir
como don gratuito
de Dios.
“Porque la paga del
pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida
eterna en Cristo
Jesús Señor nuestro”.—Rom.
6:23.
Querido lector, tú
que eres pecador, acuérdate que el ser miembro de
una iglesia no te
salvará. El bautismo no te salvará. El bautismo nunca
salva a nadie, ni
lo guarda salvo; es un acto de obediencia al deber que
tienen los que ya
encontraron en Cristo a su Salvador. Una vida moral,
el ser miembro de
una logia, ser buen ciudadano, todo esto no te dará la
salvación, pues
ésta viene “no por obras de justicia que nosotros
habíamos hecho, mas
por su misericordia” (Tito 3:5). No confíes, pues,
en lo que tú haces,
sino en lo que Jesucristo hizo y promete hacer por tí.
Y ¿QUE DEL
ARREPENTIMIENTO?
Pero ¿no dice la
Biblia que hemos de arrepentirnos? Sí, con toda
claridad. Dice que
“Dios…denuncia a todos los hombres, en todos los
lugares, que se
arrepientan”, (Hechos 17:30) y otra vez en Lucas 13:3 y
5, “si no os
arrepentiéreis todos pereceréis igualmente”. Esta fué la
predicación
de Juan el
sumergidor (Bautista), de Jesús mismo, de Pedro el
apóstol, y de Pablo
que los hombres se arrepientan; y ciertamente el
arrepentimiento es
el plan de salvación de Dios. La dificultad estriba en
que los hombres no
saben qué cosa es el arrepentimiento, y subsiste la
idea de que el
arrepentimiento es un período de llanto y de tristeza por
el pecado o por los
pecados. Esta idea viene de la traducción católica de
la Biblia, que dice
“haced penitencia”, en lugar de “arrepentios”. De
manera que se ha
establecido la idea de que el llorar el pecado, o sentir
tristeza por él, es
arrepentimiento, y miles de personas creen que Dios
oye sus oraciones y
los salva cuando sienten tristeza por el pecado.
No me entendáis
mal. Dios tiene grandes deseos de que tengáis un
corazón quebrantado
y entristecido por el pecado. Te has alejado de
Dios; has pisoteado
la sangre de Cristo tu Señor, has malgastado los
años de tu vida,
los que nunca podrás volver a vivir otra vez, has servido
a tu padre el
Diablo. Muchísimo tienes que merece tus más amargas
lágrimas, y no me
sorprende que sientas en tu corazón vergüenza y
tristeza por haber
así tratado mal al Dios que te hizo y al Salvador que
murió por tí. No me
sorprenden tus lágrimas; pero es necesario comprender
que las lágrimas no
salvan, que el dolor de corazón no salva,
que la tristeza no
salva. Nuestro Señor Jesucristo no nos mandó llorar
ni tener tristeza.
Somos salvos instantáneamente, al volvernos de nuestros
pecados hacia
Cristo: esto es arrepentimiento.
No, el
arrepentimiento no es tristeza. La palabra que se traduce
“arrepentimiento”
significa literalmente un cambio de mente.
Arrepentirse,
quiere decir dejar el pacado y entregarse a la confianza en
Cristo. Es, por lo
tanto, fácil entender que todo el que deposite su fe en
Cristo, se
arrepiente, y el que se arrepiente también ejerce fe en Cristo.
Así que, este
carcelero se arrepintió, cuando tuvo fe en Cristo y fué salvo.
SALVACIÓN INSTANTÁNEA
Este carcelero no
pasó por un período de lamento; se le dijo que creyera
en el Señor
Jesucristo; hizo esto, y fué salvo, y su familia fué salva de la
misma manera, en la
misma noche, inmediatamente, en la misma hora. En
todo el Nuevo
Testamento, si buscamos la historia de los que se salvaron,
encontraremos que
siempre su salvación fué inmediata, instantánea.
Zaqueo, trepando en
el sicómoro, creyó y descendió aprisa y lo recibió con
gozo. (Lucas
19:6–9). Y Jesucristo dijo, “Hoy ha venido la salvación a esta
casa”. Cuando el
apóstol Pedro dijo a Cornelio y a su familia que podrían
salvarse creyendo
en Cristo, immediatamente, “estando aún hablando
Pedro estas
palabras”, dice la Escritura, el Espíritu Santo descendió sobre
ellos y fueron
gozosamente salvados. (Hechos 10:43–48). Aquel ladrón
que fué crucificado
juntamente con Jesús, pecador malvado como era, que
unos mementos antes
había estado burlándose de Jesucristo, fué salvado
inmediatamente
cuando pidió de Cristo la salvación. (Lucas 23:42, 43).
En el primer
capítulo del Evangelio según Juan, se nos cuenta cómo
Andrés, Simón,
Pedro, Felipe y Natanael, todos fueron salvados, convertidos
instantáneamente
por su fe en Cristo. No se menciona ni una persona
en los tiempos
bíblicos, a quien se le haya mandado llorar, ni acongojarse
de sus pecados,
antes de creer en Cristo y ser salva. El que tiene fe verdadera
en Cristo se ha
arrepentido; el arrepentimiento y la fe son una
misma cosa,
expresada en diferentes palabras; y ninguna de las dos requiere
un tiempo largo, ni
un período de tiempo.
¿PUEDE UNO SER SALVO
SIN LA ORACIÓN?
En la Biblia se nos
mencionan muchos casos de pecadores quienes
oraron como el
ladrón en la cruz o como el publicano en el Templo.
Mas, en Romanos
10:13 se nos dice:
“Porque todo aquél
que invocare el nombre del Senñor será salvo”.
Muchas personas
creen que un pecador no puede ser salvo sin un
periodo de oración,
sin clamar a Dios. La Biblia no dice que el pecador
tiene que orar para
ser salvo, pues inmediatamente después del versículo
que hemos citado (Romanos
10:13), sigue una explicación que demuestra
que el invocar a
Dios es una evidencia de la fe que está en el corazón,
y que es realmente
la fe la que resuelve la cosa. Leedlo otra vez:
“Porque todo aquel
que invocare el nombre del Senõr será salvo.
¿Cómo, pues,
invocarán a aquel an el cual no han creido? ¿y como creerán
Aquel de quien no
han oído? ¿y cómo oirán sin haber quien les
predique?”—Rom.
10:13, 14.
Puede ser que el
pecador ore a Dios conscientemente, o puede ser
que no. El Señor
anima al pecador a orar, y oye su oración, y la contesta,
si el pecador
confía en Jesucristo para su salvación mientras ora.
Oyó la oración del
ladrón en la cruz, del publicano en el Templo, del
ciego Bartimeo.
Pero la Biblia dice, “¿Cómo, pues, invocarán a Aquel
en el cual no han
creído?” Todo aquel que ha de ser salvo tiene que
creer. La oración
es una de las evidencias de la fe; pero aunque ore
muchísimo, si no
tiene fe en Cristo, nunca podrá salvarse. Y por otra
parte, si sin orar
conscientemente, tiene fe en Cristo, ya es salvo. Hay
un solo camino para
la salvación, y un solo paso que tiene que dar el
pecador para
alcanzarla. Este paso es poner su fe Cristo Jesús, el Senõr.
Parece que algunas
personas creen que Dios es muy duro de
corazón, que se
goza en nuestra destrucción, que difícilmente nos oye
y que no quiere
salvarnos. Algunos piensan que El no tiene interés en
si nos perdemos o
nos salvamos, y que tenemos que hacer algo para
interesarle en
salvarnos. ¡Qué mentira! Pues Dios “de tal manera amó
alo mundo que ha
dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que
en El cree, no se
pierda, mas tenga vida eterna”. Ya se pagaron los pecados
de todos nosotros;
la ira de Dios ya se aplacó para cualquier
pecador que desee
ser salvo; tanto el Padre como el Hijo tienen mil
veces más interés
en tu salvación y en la de cualquier pecador, que el
que tú o cualquier
pecador tiene de ser salvo. Gracias a Dios que no
tengo que rogarle
que me perdone mi pecado; El lo hará en mismísimo
memento en que you
esté dispuesto a confiar en El.
COMO CONSEGUIR UN
CAMBIO DE CORAZÓN
Muy sencilla parece
ser la salvación por la fe; y en verdad lo es. Dirá
algún pecador;
“Pero yo creía que es necesario que el pecador tenga un
cambio de corazón,
que necesita nacer otra vez”. Ciertamente que sí.
Pero esto le toca a
Dios hacer en tí. Jesucristo, hablando con Nicodemo,
le dijo “os es
necesario nacer otra vez”, en este mismo capítulo le dice al
mismo Nicodemo cómo
conseguir este nuevo nacimiento:
“Porque de tal
manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo
unigénito, para que
todo aquel que en El cree no se pierda mas tenga vida
eterna”.—Juan
3:16.
El cambio de
corazón es la parte que a Dios toca, y podremos estar
bien seguros de que
El cumplirá su parte al cumplir nosotros la nuestra.
Tu parte es
depositar tu fe; todo lo demás que te faltare para tu salvación,
el Señor lo hace
immediatamente que creas en El.
¿COMO DEBO YO SENTIR?
Hay personas que
creen que este cambio de corazón depende de lo
que uno siente.
Algunos no quieren reconocer a Cristo como su
Salvador hasta que
sientan algo misterioso que corresonda a lo que ellos
esperan. Amigo no
permitas que el Diablo te engañe en este punto. Yo
creo en la religión
de corazón, y que uno siente esta religión, y doy gracias
a mi Dios por el
gozo y la paz que cada día me da. Pero la Palabra
de Dios no dice en
ninguna parte cómo debe uno sentir
antes
de ser
salvo; ni tampoco
dice lo que sentirá después de ser salvo. El hecho es
que no todos
sienten lo mismo. Los sentimientos varían según las
circunstancias
y el temperamento
de la persona que se salva. Algunos lloran
cuando son salvos;
otros, sonríen; y otras en alta voz alaban a Dios.
No es más cristiano
el uno que el otro. Lo que tú necesitas, amado
pecador, es la
salvación, y debes estar dispuesto a sentir como a Dios le
plazca, con tal de
que te perdone tus pecados y te salve.
Y ten por cierto
que no podrás sentir bien hasta que estés bien. El
regocijo no viene
antes de confiar en el Señor. Nadie espera el resultado
de la medicina
antes de tomarla. Los hijos de Israel en el desierto,
mordidos por las
serpientes y a punto de morir, no sanaban y no se
sentian aliviados
hasta haber dirigido sus miradas hacia la serpiente de
metal sobre el
madero. (Números 21:6–9) De igual manera nosotros
no nos salvamos del
pecado por sentir algo, sino por el remedio que
Dios puso, que es
la fe en Cristo.
Aquel hijo pródigo,
mencionado en Lucas 15:11–24, lejos de su
hogar paterno,
recostado en el chiquero, resolvió levantarse e irse a su
padre; pero no
sintió bien. Estaba sin zapatos y vestido de harapos, sin
el anillo, señal de
hijo, sin evidencia alguna del perdón de su padre,
muriendo de hambre.
Sin embargo, se levantó y se acercó a su padre,
no por sentimiento
sino por fe en la bondad de su padre. Gracias a
Dios que su padre
lo recibió, como recibe Dios a todo pecador que
quiere llegar a El,
y cuando aquel muchacho se sentó a la mesa de su
padre, calzado con
los zapatos, emblema del evangelio de paz, vestido
con la ropa que es
emblema de la justicia de Cristo, con el anillo de hijo
en su mano,
comiendo el becerro gordo, sentado a la diestra de su
padre, feliz en su
amor, entonces sí, que sentía abundantemente. El
sentir viene
después de la salvación. Deja el sentir en las manos de
Dios, y hoy mismo
entrégate al Salvador por la fe.
Después de ser
salvo, encontrarás la paz y el gozo en seguir a tu
Señor en la
immersión (bautismo), en la lectura de su Palabra, en ganar
a otros para El, y
en agradarle de muchas maneras. Día tras día será
necesario ir a
Cristo para el gozo de la vida cristiana. Pero gracias a Dios
que la salvación,
una vez por todas, se alcanza cuando sencillamente
resuelvas depender
de Cristo como tu único Salvador.
LA CONFESION PUBLICA
DE CRISTO
Toda persona que ha
sido salvada por Cristo debe confesar a Cristo
públicamente. Mateo
10:32 y Romanos 10:9 claramente nos enseñan que
Dios reconocerá
como hijo a quien reconozca a Cristo como Salvador. No
obstante, esto no
es otro paso en la salvación. Sólo confesamos con nuestra
boca a Aquél a
quien ya hemos confiado nuestra corazón. Romanos
10:10 dice,
hablando de este mismo asunto:
“Porque con el
corazón se cree para justicia; mas con la boca se hace
confesión para
salud”.
El reconocer a
Cristo como Salvador ante el mundo, simplemente es
dar una prueba de
que de corazón confías en El. Lo mismo pasa en las
demás promesas
biblicas acerca de la salvación. “Al que a Mí viene no le
echo fuera”, dice
Juan 6:37, y en Juan 1:12 se promete la salvación a
cuantos reciban a
Jesús. Pero no podrás venir a Jesús sin creer en El, y
Juan 1:12 demuestra
que recibir a Cristo es creer en su nombre.
Amado lector, no
hagas de este asunto una cosa difícil. Un solo
paso sencillo hay
entre tí y el Salvador. Cuando tú confíes tu todo a El,
todo lo demás
estará arreglado, te habrás arrepentido, habrás recibido
a Cristo, habrás
hecho todo lo necesario para tu salvación. Recibe la
contestación
categórica de Hechos 16:31: “Cree en el Señor Jesucristo
y serás salvo”. Por
toda la Biblia, en docenas de textos, se promete la
salvación a todo
aquél que cree en Cristo. Lee cuidadosamente los siguientes
pasajes y verás que
muchísimas veces Dios ha prometido que
cualquier pobre y
miserable pecador recibirá todo lo que necesita al
creer en Cristo
Jesús.
“Mas a todos los que
le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de
Dios, a los que
creen en su nombre”.—Juan
1:12.
“Y como Moisés
lavantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el
Hijo del hombre sea
levantado; para que todo aquél que en El creyere, no se
pierda, sino que
tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al
mundo, que ha dado a
su hijo unigénito, para que tode aquel que en El cree,
no se pierda, mas
tenga vida eterna”.—Juan
3:14–16.
“El que en El cree,
no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado,
porque no creyó en
el nombre del unigénito Hijo de Dios”.—Juan
3:18.
“El que cree en el
Hijo, tiene vida eterna: mas el que es incrédulo al
Hijo, no verá la
vida, sino que la ira de Dios está sobre él”.—Juan
3:36.
“De cierto, de
cierto os digo; el que oye mi Palabra, y cree all que me
ha enviado, tiene
vida eterna; y no vendrá a condenación, mas pasó de
muerte a vida”.—Juan
5:24.
“Y esta es la
voluntad del que me ha enviado; que todo aquel que ve al
Hijo, y cree en El,
tenga vida eterna: y Yo le resucitaré en el día
postrero”.—Juan
6:40.
“De cierto, de
cierto os digo: el que cree en Mí, tiene vida eterna”.—
Juan 6:47.
“A Este dan
testimonio todos los profetas, de que todos los que en El
creyeren, recibirán
perdón de pacados por su nombre”.—Hechos
10:43.
“Y de todo lo que
por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en
Este es justificado,
todo aquél que creyere”.—Hechos
13:39.
Lee otra vez
también el texto con que empezamos:
“?Qué es menester
que yo haga para ser salvo?…Cree en el Señor
Jesucristo y serás
salvo”.—Hechos
16:30, 31.
CONFIA EN EL GRAN
MÉDICO
Si estuvieras
enfermo y a punto de morir, y hubiere cerca un buen
médico en el cual
pudieras tener toda confianza ¿no le arriesgarías tu
caso, permitiéndole
que hiciera lo que quisiera para darte el tratamiento
necesario, y con la
ayuda de Dios aliviarte? De igual manera confía
en Cristo, depende
de El, para tu salvación, entregándole hoy todo el
asunto. Con la
misma fe con que llamarías a un médico para entregarle
tu cuerpo para ser
sano, llama al Señor Jesucristo, el gran Médico, y
entrégale tu alma
para que la salve y perdone tus pecados, y te dé la vida
eternal. Cristo
mismo dijo, “Los que están sanos no necesitan médico,
sino los que están
enfermos” (Lucas 5:31). El es el gran Médico, y podrá
sanar tu alma al
instante, si confías en El. Así como confiarías en tu
médico,
sometiéndote a su tratamiento, dependiendo de él para obtener
resultados
favorables, así depende de Cristo con toda confianza para
la salud de tu
alma. Los médicos humanos a veces fracasan, sus resultados
son lentos, y por
lo tanto ningún médico es retrato fiel de Jesucristo.
Los doctores no
podrán hacer milagros, pero Jesús sí los puede hacer,
cambiando inmediata
instantánemente tu corazón malo y pecaminoso;
El hará esto luego,
en el instante en que tú te entregues a El por fe.
JESUS NUESTRO ABOGADO
Si tú hubieras
cometido un crimen, y estuvieras ya en la cárcel,
probablemente la
primera cosa que harías sería mandar llamar a algún
abogado de
confianza y encargarle tu defensa. Ante Dios tú eres un
criminal, ya
condenado y bajo la ira del Juez justo. Pero Dios ha provisto
quien te defienda,
quien defienda a todo pecador vil que tenga
que comparecer ante
el tribunal justo de Dios; Jesucristo es ese
Abogado, pues la
Biblia dice claramente:
“Hijitos míos, estas
cosas os escribo, para que no pequéis; y si alguno
hubiere pecado,
Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo; y
El es la
propiciación por nuestros pecados”.—1a.
Juan 2:1, 2.
No sólo es Jesús tu
Abogado para defenderte ante el Juez, sino que
El mismo ya pagó la
pena, y puedes confiadamente fiar en El para que
El te consiga
inmediato perdón y justificación. ¿Por qué no te confías
a Jesucristo
sencillamente como lo harías a un buen abogado? El es
mejor que cualquier
abogado, y no se detiene porque no tengas con
qué pagarle sus
servicios. Y nunca falla en una defensa.
UN ENLACE MATRIMONIAL
Un joven y una
señorita están en el acto de su matrimonio. Ante el
mundo, enlazadas
sus manos, se le pregunta al joven, “¿Quiere usted
recibir a esta
mujer como su esposa legal, para amarla, protejerla y
cuidarla hasta que
la muerte les separe?”. El joven contesta que sí.
Luego se le
pregunta a la señorita, “?Quiere usted recibir a este hombre
por su marido, para
amarlo y obedecerlo hasta que la muerto los
separe?”. Y al
contestar ella también que sí, se oyen las palabras
solemnes: “Pues en
nombre de la ley os declaor marido y mujer.” Y
delante de Dios los
hombres, son casados. ¡Qué retrato de la salvación!
Jesús es el novio,
y nosotros que lo recibimos por la fe seremos la
esposa. Ya Jesús te
ha amado y hace mucho que busca que aceptes su
amor. Jesús te
invita a que creas en El ahora, y así formarás parte de su
esposa. ¿No querrás
hoy, con la misma fe con que esa señorita recibe a
su esposo, recibir
a Jesucristo como Salvador y Rey, diciéndole, “Si,
acepto, soy tuyo?”
ACEPTALO HOY;
ASEGURATE
El camino es bien
claro, en este mismo momento podrás ser salvo,
si prestos tu
voluntad.
“No te jactes del
día de mañana; porque no sabes qué dará de sí el
día.”—Proverbios
27:1.
“Porque dice: En
tiempo aceptable te he oído, y en día de tu salud te
he socorrido; he
acquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de
salud.”—2
Cor. 6:2.
“Por lo cual, como
dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, no
endurezcáis vuestros
corazones como en la provocación, en el día de la
tentación en el
desierto.”—Heb.
3:7, 8.
Amigo, Dios te ha
dado ese latir de corazón, ese aliento de vida, este
momento, para que
le entregues tu fe; pero no hay seguridad de otro.
Te ruego que lo
hagas ahora mismo, y que reconozcas a Cristo como
tu Salvador y Rey.
Si reconoces que
eres pecador, si crees que Cristo murió por tí, si de
corazón lo aceptas
como tu Salvador, esperando en El encontrar el
perdón de tus
pecados, te suplico que firmes la declaración que en
seguida se imprime,
y me la envíes, para que yo pueda gozarme juntamente
contigo en tu
salvación. Entonces, habiendo confesado a Cristo
ante los hombres,
tendrás la seguridad de que Jesucristo te confesará
ante su Padre, Pues
El dijo:
“Cualquiera, pues,
que me confesare delante de los hombres, le confesaré
Yo también delant de
mi Padre que está en los cielos.”—Mateo
10:32.
Cuando deposites en
Cristo tu fe, eres salvo. Pero el gozo y la confianza
de la salvación los
recibirás cuando lo reconozcas como Salvador
públicamente, y El
te reconozca y te envíe su Santo Espíritu para hacerte
feliz. Si quieres
recibirlo, hazlo hoy, firmando la declaración siguiente,
procurando también
que otros lo hagan, si fuere posible. Puede
recortarse esta
página y enviarse, o bien puede escribirse en una tarjeta
postal o carta.
Date:_____________________________________
(Lugar y fecha)
Dr. Shelton Smith
P. O. Box 1099
Murfreesboro,
Tennessee,
Estados Unidos de
América.
Y (6)
L.O. Engelmann
San Jeronimito,
Guerrero,
Mexico
QUERIDOS HERMANOS:
Reconociendo que
soy pecador, y creyendo que Cristo murió por
mis pecados, ahora
acepto a Cristo, y confio en El como mi único y
suficiente
Salvador, confiado en que El me perdonará mis pecados,
cambiará mi corazón,
y me dará la vida etena, conforme a su promesa.
Con gozo lo
confieso como mi Salvador y Rey, y haré lo posible por
servirle fielmente.
Para gozo de Uds. Les envío esta declaración.
Firma:____________________________________
Dirección:_________________________________
NOTA: El que cree
en Cristo para su salvación debe confesareo
públicamente. El
plan de Dios es que los que en El confían lo confiesen,
luego se sumerjan (bauticen),
y se unan con el pueblo de Dios
para su servicio.
Esperamos que se unirá usted con una Iglesia Biblica,
y se hará conocer
ante el público como un humilde hijo de Dios. Si no
sabe usted en dónde
dar con una Iglesia Biblica, escríbanos y con gusto
le diremos dónde
hay una Iglesia Biblica cerca de done Ud. está.
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